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El Tabaco III Parte

 

 

Hay un segundo y peligrosísimo grupo de enfermedades llamadas vasculares o de los vasos sanguíneos que irrigan el ojo. Este tipo de enfermedades suelen presentarse rápidamente, y en eso radica su mayor peligro, como en el caso de la oclusión (obstrucción o cierre) de la arteria central de la retina, provocada por un espasmo o lesión del vaso sanguíneo que irriga toda la retina, y que se daña por la falta de irrigación de la sangre. Otra complicación lo constituyen las trombosis (coágulos) de la vena central de la retina o de las ramas de dicha vena. La conjuntivitis crónica es otra molestia producida por el humo del tabaco, que es más molesta que peligrosa. Incluso no se ha dado la importancia a la relación que necesariamente debe existir entre el tabaco y el cáncer del ojo. Aun cuando la nicotina desempeña un papel preponderante en las enfermedades de los fumadores, recientemente se ha descubierto que el cigarrillo contiene unos compuestos llamados nitrosaminas, clasificadas entre las sustancias más tóxicas que se conocen y aun cuando no se ha comprobado pueden tener un efecto altamente dañino sobre los ojos. Se sabe que el tabaco contiene una dosis de nitrosaminas ¡ochenta mil veces superior a las dosis límite toleradas en los alimentos por el ministerio de salud pública!
El Enfisema Pulmonar es otro terrible azote que asfixia al fumador, impidiendo la respiración correctamente. Comienza insidiosamente y los primeros síntomas pasan inadvertidos. Cuando una gran porción de los pulmones ha sido dañada, es cuando el enfermo lo advierte. Para esos instantes la patología se encuentra bien avanzada y las anormalidades fisiológicas pueden ser bastante grandes (tal vez irreversibles). Finalmente el daño que el fumar ocasiona al cerebro es desastroso, al destruir el oxígeno que la sangre le acarrea. El colesterol es otra gran amenaza para los fumadores, hecho que se agrava por la INADECUADA alimentación del ser humano.
Miles de individuos mueren anualmente a causa de ataques de apoplejía o cerebrales. Estos ataques ocurren cuando un vaso sanguíneo se rompe, produciendo una hemorragia o cuando se forma un coágulo en la superficie áspera de un vaso sanguíneo. Esto detiene el flujo de sangre o una porción del cerebro, causando parálisis de parte del cuerpo, y en los casos severos, la muerte. Si el hombre fumador pudiese contemplar el desastroso y deforme estado de su cerebro ¡inmediatamente dejaría este vicio!
Pero si lo expresado anteriormente fuera todo, tal vez la situación no sería tan grave, pero en esta parte hablaremos la parte más letal del problema: LA RADIACTIVIDAD, según intensos estudios llevados a cabo en diversos centros de investigación de los EE.UU.
“Si los ojos del fumador pudieran detectar lo que captan algunos instrumentos científicos, vería la radiactividad que emana del cigarrillo y de su cuerpo: de los pulmones, riñones, hígado, páncreas, glándulas sexuales y hasta de los huesos.
“Los cigarrillos contienen tanta radiactividad, según el Dr. Thomas Winters, director del Centro de Salud ocupacional en North Quincy, Massachusetts, en Fitchburg, que una persona que fuma una cajetilla y media al día recibe una dosis anual de radiación, en ciertas partes de los pulmones, equivalente a la que se le aplicaría en la piel si se le tomaran unas 300 radiografías del tórax, aun cuando apenas se está empezando a descubrir el daño que causan los isotopos radiactivos del cigarrillo, y por lo mismo varían mucho los cálculos del número de casos de cáncer pulmonar en fumadores, originados por la radiación que contiene el cigarrillo, el Dr. Difranza Opina que “La sola radiación podría ser la causa de cerca de la mitad de los canceres pulmonares de los fumadores.”
“¿Cómo penetraron en el cigarrillo los elementos radiactivos? T.C.Tso, ex investigador del departamento de agricultura de Estados Unidos, siguió las huellas radiactivas hasta los campos donde se cultiva el tabaco. Durante muchos decenios los agricultores han fertilizado los cultivos con fosfatos ricos en uranio. Por desintegración este uranio genera radio 226. Que a su vez produce radón 222, y finalmente plomo y polonio 210. Las plantas de tabaco absorben con facilidad los elementos radiactivos del fertilizante y de la radiación que se da naturalmente en el suelo, el aire y el agua. La brisa y el equipo agrícola lanzan estos peligrosos elementos al aire, donde los absorben las pegajosas puntas resinosas del pelo que tiene la hoja del tabaco.” Cuando un fumador enciende el cigarrillo, el calor de la reluciente punta hace que dichas puntas se conviertan en partículas insolubles, las cuales, luego de haber incorporado los isotopos radiactivos, se inhalan hasta lo profundo de los pulmones. Dentro de estos órganos, las vías respiratorias se ramifican en pasadizos cada vez más estrechos, y es particularmente en cada ramificación donde según muchos científicos, las partículas del humo inhalado tienden a acumularse, de modo muy semejante a los desechos que flotan en los ríos y se aglomeran en los bancos de arena.”
“estas partículas pueden depositarse en los pulmones, en esos mismos sitios. Según Edward Martell, especialista de radioquímica que trabaja en el Centro Nacional para Investigación Atmosférica de EE.UU., estos sitios se convierten en “focos” de radiactividad. Martell considera que no es una coincidencia que en la mayoría de los casos, el cáncer pulmonar se inicie en estas ramificaciones, donde se acumulan los residuos radiactivos.
“Las defensas del cuerpo sano bastan para eliminar en cuestión de horas el humo, la ceniza y la contaminación de gases venenosos que produce un solo cigarrillo. Pero resulta mucho más difícil remover las partículas del humo acumuladas en el húmedo revestimiento protector de los tejidos pulmonares, el epitelio bronquial; esas partículas permanecen comúnmente en los pulmones durante 3 a 6 meses-muchos años, en algunos casos emitiendo radiaciones.”
“Con el tiempo las células del sistema inmunológico del organismo limpian estas partículas de los pulmones, pero en el proceso los radioisótopos son introducidos en el torrente sanguíneo y en otras partes del cuerpo: hígado, páncreas, riñones, ganglios linfáticos, glándula tiroides y medula ósea, donde las partículas radiactivas también se acumulan año tras año y emiten radiaciones que pueden afectar a las células cercanas”. Las placas calcificadas en los vasos sanguíneos de los fumadores que padecen de arterioesclerosis (endurecimiento de las arterias), exhiben las elevadas concentraciones de plomo 210 y polonio 210, los mismos isotopos radiactivos que se inhalan con el humo del tabaco, por lo que se especula que la radiación de los cigarrillos probablemente sea un factor que contribuye a la aparición de la arterioesclerosis en el fumador, la cual puede provocar insuficiencia coronaria precoz y ataques apopléticos.

Author: Juicios Admin

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