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El Tabaco: Enemigo Mortal del Hombre Última Parte


El Tabaco: Enemigo Mortal del Hombre Última Parte

“¿Cuánto tiempo persiste la reactividad en el cuerpo del fumador? El plomo 210 radiactivo tiene una vida media de 21.4 años. Beverly Cohen y Naomi Harley del centro Médico de la Universidad de Nueva York, descubrieron que, cinco años después de haber dejado de fumar, las personas presentaban en la parte inferior de los pulmones una radiactividad de plomo 210 casi igual a la de los fumadores activos. Y en su mayoría, los fumadores no abandonan el cigarrillo de manera permanente”. Sin embargo, la radiación más nociva del cigarrillo no proviene del plomo 210, que emite radiación beta, relativamente débil, sino de su nieto radiactivo, el polonio 210, que emite radiación alfa ionizante, sumamente específica, del mismo tipo de la que se desprende el plutonio de las bombas atómicas. La radiación alfa se estrella en los átomos y los convierte en iones que fácilmente puede afectar el delicado programa genético de las células vivas, a las que matan o convierten en células cancerosas. Los científicos han identificado ya el peligro que entraña la radiación beta para los seres vivos, pero la radiación alfa puede ser 20 veces más perjudicial”.
“Con cada cigarrillo un fumador inhala casi la misma cantidad de polonio 210 que absorbería de las fuentes naturales en 24 horas. Así, el fumador se expone a una dosis 30 veces más alta de este elemento radiactivo de larga vida”. Durante más de 20 años, el Dr. John Little y sus colegas de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard estudiaron el efecto del polonio 210 en los pulmones de los seres humanos y de animales de Laboratorio. Descubrieron que, en dosis equivalentes a las inhaladas por quienes tienen mucho tiempo de fumar, la radiación alfa del polonio 210 inhalado puede causar cáncer pulmonar. En las minas de Uranio, los trabajadores inhalan los efímeros derivados del radón, y también el polonio 210, así como otros isótopos emisores de rayos alfa; y algunos estudios han demostrado que los mineros que fuman tienden a contraer cáncer pulmonar de 5 a 10 años antes que sus colegas que no fuman”.
“¿Es posible que la radiactividad de los cigarrillos provoque por sí sola cáncer en los seres humanos, igual que puede hacerlo en los animales de laboratorio? Los científicos aún no están seguros, pero sospechan que puede combinarse con otros factores para originar cáncer. En la primera bocanada el fumador inhala más de 4,000 sustancias químicas, algunas de ellas, como el benzo (a) pireno, hidrocarburo, aromático poli cíclico, son potentes carcinógenos. Cuando el Dr. Little y sus colegas de la Universidad de Harvard expusieron secuencialmente a los animales a la radiación alfa del polonio 210 y el benzo (a) pirenio, observaron que éstas dos sustancias actuaban de manera sinérgica y provocaban tumores malignos en un porcentaje que casi era el doble del esperado por el simple efecto aditivo del polonio 210 con el benzo (a) pireno”.
“Recientemente los científicos descubrieron otra mezcla mortal en el tabaco; la tierra emite pequeñas cantidades de radón, gas radiactivo derivado del radio. Los nuevos sellos contra la intemperie, cuyo propósito es conservar la energía en el hogar, pueden atrapar este peligroso gas y concentrarlo dentro de la casa. Pero cuando el aire del interior de la casa ya contaminado por el gas radón, invisible e inodoro, se contamina también con el humo del cigarrillo, ocurre algo aún más aterrador: en el aire limpio, los efímeros derivados del radón tienden a adherirse a paredes, alfombras y cortinas; pero si hay humo de tabaco en el aire, se condensan en las partículas del humo y quedan flotando para que las inhalen los fumadores y los no fumadores, que también aspiran el humo. En consecuencia al combinarse dentro de la casa la contaminación por el radón con la del humo del cigarrillo, puede crearse otra sinergia, más mortífera que la acción de cada contaminante por separado. Y aunque no haya radón, los que aspiran aire con humo reciben ciertas dosis de radiactividad del tabaco. Por lo menos el 50% de los isotopos radiactivos del humo del cigarro flotan en el aire, y un menos porcentaje de estos y de otros elementos del humo son inhalados por quienes rodean al fumador. En Tokio, el Dr. Takeshi Hirayama, del Instituto de Oncología Preventiva, estudió los expedientes de más de 91,000 mujeres y descubrió que las esposas no fumadoras de fumadores empedernidos, tenían más del doble de probabilidades de morir de cáncer pulmonar que las cónyugues no fumadoras de hombres que no fumaban.”
“Mucha gente cree que los cigarrillos suaves con filtro implican menos riesgos pero la investigación ha revelado que los fumadores tienden a inhalar más profundamente el humo, y a fumar en mayor cantidad estos cigarrillos”.
Si tomamos en cuenta que ningún método de tratar el tabaco o de filtrar el humo ha demostrado ser efectivo en reducir o eliminar el peligro de cáncer, mucho menos en cuanto a controlar o eliminar la radiactividad.
Finalmente, ahora que los Estados Unidos de Norteamérica y Rusia han comenzado una campaña intensiva en todos los niveles para erradicar este horrible fantasma, es el momento para que nosotros hagamos también algo al respecto. Defendamos nuestra salud y la de los nuestros; sobre todo pensamos en el futuro de la humanidad: los niños…no permitamos que se fume dentro de ningún sitio cerrado, ya sea oficinas, autobuses, cines, restaurantes, y mucho menos en los hospitales, donde se supone que los enfermos van a encontrar la salud. El estudio más importante sobre el hábito de fumar fue llevado a cabo por la Asociación Norteamericana del Cáncer, comenzando en 1959 y terminándolo en 1972. El 65% de los médicos varones que participaron reconoció que había fumado cigarrillos. Al completar el estudio, solamente un 19% de los médicos continuaba fumando. Esto muestra que los médicos, como grupo, han tomado la iniciativa. Esperamos que nuestros galenos imiten este digno ejemplo.
La doctora María Leitch, empedernida fumadora que sucumbió víctima del terrible enemigo: cáncer de pulmón, nos relata esta patética historia:
“Hace casi cinco años leí una revista popular la biografía de un joven periodista que, recién cumplidos los 30 años, murió en poco tiempo, atacado por un cáncer de pulmón. El propósito de este joven fue el de poner en sobreaviso a la gente contra el vicio de fumar. Escribió su relato pocos días antes de morir. Trascendía en lo que escribió que su estado de ánimo era de depresión y derrota. No creía que nadie respondería a su advertencia. Leí la historia varias veces. Me conmovió y desde las fibras las íntimas del alma, comencé por preguntarme a mí misma qué clase de persona era que no podía tomar una determinación que parecía tan importante a otro ser humano; tan importante, que se sintió compelido a exhortar a cuantas personas le fuera posible.
“Un día, repentinamente, decidí dejar de fumar, como un tributo a la actitud de ese hombre que se había preocupado tanto por otras personas. Me sucedió algo increíble: nunca más desee otro cigarrillo, nunca más aspiré otra bocanada de humo”.
¿Tendremos el valor de imitar a estos seres? ¡Claro que sí!

Author: Juicios Admin

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